Flamenco en Málaga
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SOBRE LA HISTORIA DE LA PEÑA JUAN BREVA
 
A lo largo de los años ha sido mucho el prestigio que la peña Juan Breva ha alcanzado. Su forma de hacer las cosas siempre se ha distinguido por poseer un espíritu científico, conservador y difusor que ha hecho mucho bien al flamenco, su razón de ser. Los comienzos firmes y decididos pronto vendrían a proporcionar una estabilidad y un reconocimiento que les valdría la consideración de cuna de maestros. No en vano fue la única peña invitada a debatir en la Reunión Internacional del Centro de Estudios de Música Andaluza y de Flamenco celebrada en Madrid en el Instituto de Cultura Hispánica y organizada por la UNESCO los días 18, 19 y 20 de junio de 1969.
Su fundación a menudo se ha visto envuelta en controversias y nebulosas que, de modo disperso, solo han contribuido a agrandar el mito. Esta ocasión se antoja muy oportuna para despejar con datos y fechas el momento de la creación de la peña Juan Breva.
 
En la Málaga de finales de los años 40 existía una tertulia vespertina en el establecimiento Casa Prada de calle Molina Lario, en la que tenía parte importante el archivero municipal Francisco Bejarano Robles, persona popular en la ciudad, sobre todo por sus estudios locales publicados en prensa bajo el pseudónimo de Paco Percheles. La base de esta tertulia consistía simplemente en hablar de flamenco, incluso algunos de los asistentes se atrevían a entonar algunos cantes. Ya entonces habían acordado en llamarse peña Juan Breva. Pero –por algo Manuel Machado calificó a Málaga de cantaora- también existían otras reuniones que giraban en torno al flamenco, como la tertulia conocida como de la Renfe, porque la gran parte de sus componentes trabajaban en dicha empresa, pero que, en realidad se llamaba peña Los Amigos, y se reunían en el bar Casa Bueno que estaba en la Carretera de Cádiz.
Existía un buen aficionado natural de Álora -como saben cuna de cantaores y de malagueñas, las cuales no tenían secretos para él-, llamado José Navarro Rodríguez que, teniendo conocimiento de todas estas reuniones, y sabiendo que en general seguían similar rumbo, alumbra la idea de congregarlas a todas en una sola, y y para ello se decide a establecer contacto con ellas. Así habla entre otros con Francisco Bejarano y con un joven aficionado malagueño al que había conocido en Granada, José Luque Navajas, donde que ambos habían asistido a tertulias similares (el taller de Platería, La Taberna del Faquilla y Casa Amparo) mientras estudiaba la carrera de Derecho. Este joven José Luque posteriormente se convertiría en el continuador de Francisco Bejarano así como en la persona que más veces ha ostentado el cargo de presidente de la peña Juan Breva. La idea gusta mucho a todos, que la acogen con entusiasmo, por lo que deciden citarse en terreno "neutral", quedando el primer sábado de octubre en el café Los Valle que había en el pasaje de Chinitas. Era el año 1958, y en aquella reunión se creó la peña Juan Breva, nombre propuesto por Francisco Bejarano y que todos aceptaron unánimemente, ya que era la figura más importante que Málaga diera al flamenco, al que algunos incluso habían tenido el placer de llegar a escuchar antes de su muerte, acaecida en 1918. Este primitivo grupo, formado entre otros por Ricardo Torres, Salvador Marina, Rosa Mari Coll, Pedro José Ron, Maribel Luque, Juan de la Cruz Giner, Rafael Lasso de la Vega, Lorenzo Corpas, Eugenio Chicano, Adrián Westendorf, Alfonso Queipo de Llano, Magdalena López Cózar, Francisco Santoro, Custodio Cuevas, Enrique Crooke Caffarena, Fernando Medina, Cayetano Jiménez Vergara, Rafael Doña, Matías Fernández, Antonio Villodres, Francisco Montoro, Rufino García, José y Miguel García Navas, y los tres mencionados, Francisco Bejarano, José Navarro y José Luque Navajas, decide reunirse en la taberna Casa Luna, sita en el número 40 de calle Granada, y además llega a la conclusión de que para tener entidad deben regirse mediante estatutos, quedando encargado de redactarlos, por su condición de abogado, José Luque Navajas[1].
Mientras que los estatutos se iban terminando de elaborar, otorgan carácter de presidente al socio de mayor edad, que en este caso era Juan de la Cruz Giner. En el mes de mayo siguiente, ya en 1959, tienen lugar por fin las primeras elecciones de la peña Juan Breva, saliendo como presidente Francisco Bejarano Robles.
Este ilustre malagueño imprime carácter a la peña Juan Breva, y lo hace de una forma sutil, sin intención, quizá incluso por deformación profesional. Siendo un archivero que amó y cultivó su oficio, haciendo uso de su cargo para analizar y difundir la historia de su ciudad, no puede extrañarnos su afán por estudiar una parte más de Málaga como son sus cantes, y por supuesto, estudiarlos de una forma científica, buscando orígenes, influencias y conclusiones finales, dando después a conocer esos descubrimientos, para asegurar la conservación de los mismos[2]
 
Si analizamos la historiografía flamenca y el contexto en el que se enmarca la fundación de la peña Juan Breva, nos daremos cuenta de que esta fecha de finales de los años 50 es especialmente emblemática para el flamenco, pues ocurren una serie de acontecimientos cruciales para su evolución histórica. Dos años antes de la fundación de la peña Juan Breva, en 1956, tiene lugar el I Concurso Nacional de Flamenco de Córdoba, en el que se proclama vencedor absoluto a Fosforito, lo que se convierte en punto de inflexión que marca un antes y un después en el flamenco: el renacimiento del cante jondo frente a la ópera flamenca imperante, la cual se había caracterizado por desviarse del camino de la pureza buscando otros intereses más veniales. En el punto y hora que Fosforito, cantando por derecho unos cantes que casi habían caído en el olvido, gana el concurso de Córdoba, empieza a elevarse un clamor entre los aficionados que, como Lázaro, salen de la sombra a la que habían sido relegados y alientan esta vuelta al canon flamenco. Como consecuencia, las figuras que habían estado en un segundo plano, cantando para lucimiento del baile, ahora se convierten en solistas, como es el caso de Rafael el Gallina, Antonio Mairena o Chano Lobato. Asimismo tiene lugar la grabación de la Antología Flamenca de Hispavox, con la importancia de ser la primera recopilación exhaustiva de cantes flamencos. Y de esta manera comienzan a fundarse varias peñas con el objetivo de ser, como hemos visto, lugares de culto, estudio y difusión del más puro cante jondo. Y la pionera es la peña Juan Breva.
Desde aquel 2 de octubre de 1958 en Los Valle, escritas sobre un papel quedan sus intenciones muy claramente resumidas en tres postulados: Seguir aprendiendo, Velar por la pureza, Propagar enseñando. Cuánto contenido en tan pocas palabras.
Es evidente la humildad que desprende la primera de estas sentencias. Seguir aprendiendo. Es una actitud de nunca dar por completados los conocimientos, es un tener siempre la mente dispuesta y abierta a nuevos descubrimientos. En aquellas fechas de fines de los cincuenta y principios de los sesenta, indisolublemente unido a este renacimiento del flamenco, empieza a sentirse un afán investigador que pretendía esclarecer muchos lados oscuros de la historia flamenca y, la peña Juan Breva, sumándose a ese afán, y ciñéndose a su ideario, se propone crear unas jornadas anuales que tuvieran este cometido. Así, en 1963 tiene lugar la I Semana de Estudios Flamencos, en la que participaron personalidades tales como Ricardo Molina, Antonio Mairena, Caballero Bonald y Edgar Neville, entre otros. Esta actividad se siguió realizando hasta el año 1970 y fue precursora de los actuales Congresos de Actividades Flamencas, cuya creación viene de la mano de Radio Juventud y la propia peña Juan Breva en el año 1972, continuando hasta hoy, como decimos, su andadura aunque con algunas variaciones respecto del original.
En esta línea se sitúa también el interés por estudiar una forma folklórica autóctona y con el valor añadido de ser germen de la familia de cantes de Málaga como son los Verdiales. Desde el año 1968 hasta hoy tiene lugar cada diciembre la Semana de Verdiales, en la que las conferencias se alternan con las actuaciones de las distintas pandas de la provincia según los tres estilos asentados: Montes, Comares y Almogía. Se culmina la semana con un pregón de la fiesta de verdiales que, como es sabido, se celebra el 28 de diciembre.
Por otro lado, los estatutos son muy claros en lo competente a la labor del día a día, por lo que divide la facultad de gobierno en dos, por una parte un cuerpo administrativo formado por el Presidente, el Tesorero, el Secretario y el Factotum Directivae; y por otra, cuenta con un cuerpo consultivo formado por los miembros nombrados Consiliarios, que son expertos en la materia flamenca que han sido elegidos mediante sufragio por el resto de socios, lo que les otorga el carácter de maestros. Pues bien, estos maestros o consiliarios se preparan un temario flamenco que imparten cada martes a lo largo del año, y se espera de ellos la facultad de definir y dictaminar sobre el mismo. Tras la exposición o incluso durante la misma, tiene lugar una ilustración práctica a cargo de cante en directo si hay posibilidad, o bien, mediante la audición de discos.
Es considerable la importancia que la peña da a la figura del consiliario, puesto que marca el camino a seguir en el estudio cientifico del cante. En este punto confluímos con la segunda de las máximas proclamadas en sus inicios por la peña Juan Breva, es decir, Velar por la Pureza.
Esta es, sin duda, la cuestión más polémica que rodea al flamenco, y quizá la de mayor actualidad, dadas las nuevas formas de entenderlo que han ido surgiendo en los últimos años, así como los intereses, ajenos al propio flamenco, que muchas veces suelen mover estas manifestaciones. De todos modos, la existencia de la propia máxima nos indica que este punto siempre fue actualidad y preocupación a lo largo de la historia flamenca.. Desde luego, para la peña Juan Breva, su cometido ha sido y es procurar que el canon prevalezca, que nunca se pierda la raíz ni sea desvirtuada. Para ello, sin mencionar el lógico conocimiento que se requiere, se utiliza el magnífico instrumento que es el concurso, regido y vigilado por unas bases y un jurado acordes a esta filosofía purista. En su caso, la peña se especializa en los cantes malagueños, y hay que decir que de no haber sido por su tarea de recoger, estudiar y difundir estos cantes, algunos nunca hubieran llegado a nuestros días, probablemente hubieran quedado perdidos en el tiempo[3].
El primer concurso que organiza tiene lugar tempranamente, en 1959 en Vélez Málaga, y se hace como homenaje al cantaor que les da nombre, Juan Breva. Aun no estaba dedicado de lleno a los cantes de Málaga, solo contaba con un apartado especial de malagueñas. Será en 1962, tras un proceso de maduración, cuando llegue el I Gran Concurso de Cantes de Málaga, que estaría vigente hasta 1988. Este concurso adquirió fama fuera de nuestras fronteras, lo que aseguraba una divulgación de nuestros cantes de gran magnitud, pues eran muchos los artistas de toda España los que acudían a participar, con lo que contribuían a su difusión y pervivencia.
Pero, ¿quién dice qué es puro y qué no lo es? La respuesta es sencilla: las fuentes. ¿Qué no habría de saber un archivero sobre ellas? El conocimiento de las fuentes para el estudio de cualquier disciplina es fundamental, así muy bien lo sabía Francisco Bejarano, y así lo transmite a la peña Juan Breva. Estas fuentes son, unas veces, personas vivas a las que se puede escuchar y aprender de ellas; otras veces, son los discos que grabaron los grandes cantaores de la historia. La peña se vuelca en recopilar su importante colección de discos de pizarra (se estima que posee un 70% de lo grabado a lo largo de la discografía flamenca) que les permite estudiar directamente de los creadores y sus discípulos, para así conocer la verdadera naturaleza de cada cante.
En los estatutos de la peña Juan Breva se puede leer: fomentar la afición al flamenco, que del conocimiento nace la apreciación[4]. Se trata del tercer principio, Propagar Enseñando. Este postulado habla del interés difusor y por lo tanto, conservacionista que siempre ha mantenido la peña Juan Breva. Para la misma, los conocimientos no son privados, hay que compartirlos para que nunca se pierdan ni olviden, propiciando que otros los puedan enseñar y así sucesivamente.
Esto se materializa o, mejor dicho, se institucionaliza cuando entra en juego la Universidad de Málaga. La peña Juan Breva se pone en contacto con la misma y deciden crear en 1978 el Aula de Flamencología de la Universidad de Málaga, con una clara intención pedagógica junto con la importancia de acercar a todos los alumnos el fenómeno flamenco.
En esta misma línea, entre algunos socios de la peña bulle la idea de crear un órgano periódico de difusión, lo que pone en marcha el proyecto de los cuadernos de cante jondo Bandolá. Se trataba de un medio que apostaba por el estudio científico flamenco al tiempo que servía de escaparate a la poesía y el arte plástico más contemporáneo de la Málaga de entonces. Estamos en el año 1968 y la sombra que proyecta la mítica revista Litoral, vestigio del más glorioso pasado de la vanguardia cultural en Málaga, inunda por completo esta iniciativa.      Dirigida por los socios Gonzalo Rojo y Eugenio Chicano, Bandolá daba cabida a artículos de investigación, poesía flamenca, noticias de actualidad y un seguimiento de las actividades que la propia peña organizaba, todo ello ilustrado por artistas plásticos malagueños. Tristemente, solo contó con dos números, que dan cuenta de unos interesantes mimbres, aunque solo se quedaron en eso. El primero de ellos (1968) se dedicó al cante flamenco en general, y estuvo ilustrado por Chicano; y el segundo (1971), dedicado a la saeta, fue ilustrado por Enrique Brinkmann.
Podríamos decir que esta máxima va íntimamente ligada a la primera, Seguir Aprendiendo, pues para poder enseñar hay que estudiar primero, y de hecho, también esta idea subyace en las semanas monográficas tanto de verdiales como del flamenco, y por supuesto en las sesiones de estudio por parte de los consiliarios de cada martes. En ellas, además, la consecuencia más importante que se desprende es la creación, sin habérselo propuesto, de una cantera de artistas, cantaores, bailaores y tocaores que han podido aprender tanto de las clases magistrales de los consiliarios, como de la posterior ilustración práctica, bebiendo así de muchas y ricas fuentes, lo que ha compuesto una gran parte de la nómina de artistas flamencos malagueños. Además, la labor docente por parte de profesionales también ha sido fomentada en la peña Juan Breva, al organizar cursos anuales de guitarra y baile, los que también han sido elementos forjadores de artistas.
Pero, la más ambiciosa de todas las iniciativas de la peña, sin ningún lugar a dudas, es la creación de un museo. ¿Acaso existe mejor forma de Propagar Enseñando?
Desde el momento de su fundación, la peña Juan Breva comprendió que había que conformar un museo que sirviera de complemento tangible al conjunto de su labor. En este punto podemos volver a vislumbrar el legado de Francisco Bejarano, ya que en la proclamación de principios de la peña vemos cómo se estipula constituir un archivo documental y un fondo de grabaciones de toda índole técnica, de cuanto tenga alguna relación con el cante[5]. Hay una vocación recopiladora de fuentes para crear lo que hoy se conoce como centro de interpretación, y podemos afirmar que tuvo mucho que ver en ello la figura decisiva en aquellos primeros años del archivero Francisco Bejarano. Cada socio se dedicó a hacer acopio de todo aquello que tuviera algo que ver con el flamenco. Ya hemos hablado de la importante colección discográfica, base de los conocimientos adquiridos y después impartidos en la peña Juan Breva, que además se completó tanto con antiquísimos cilindros de cera como con los entonces incipientes vinilos, añadiendo sus correspondientes aparatos de reproducción: fonógrafos de Edisson y gramolas de bocina que permitieran una correcta audición.
Se compila documentación, fotografías y libros especializados -éstos últimos se analizan y se debaten, además de los ejemplares dignos de exhibirse por su rareza o belleza-; se atesoran objetos que fueron pertenencias de artistas de renombre, incurriendo en el fenómeno mitómano; recaban todo aquello que sobre flamenco va apareciendo en prensa, tanto especializada como general; también auspician obra de arte, de hecho, muchos pintores han hecho de la peña Juan Breva depositaria de su obra, mencionando especialmente a Eugenio Chicano, ya que además de ser uno de los socios fundadores de la peña, siempre ha tomado parte activa en la misma, colaborando con sus ideas y con sus obras plásticas, lo que ha permitido a la peña tener una rica colección de obra de este pintor, entre carteles, dibujos y óleos.
Toda esta labor fructifica en 1974, cuando tiene lugar la inauguración del Museo Flamenco de la peña Juan Breva, entonces sita en el número 2 del Callejón del Picador. La línea museográfica que se seguía era la que ha imperado en los museos pequeños hasta hace pocos años, antes de que los estudios de museología y museografía se instituyeran, una miscelánea de objetos que se exponen de forma arbitraria, sin espacios concretos entre ellos, simplemente ciñéndose al lugar que ocupan de la mejor forma posible, componiendo, en fin, lo que se conoce como una cámara de los tesoros.
Allí estuvo abierto a quien quisiera visitarlo, sin dejar nunca de crecer, pues los socios continuaron -y continúan- ampliándolo con donaciones, nuevas adquisiciones, y con todo aquello susceptible de ser conservado y exhibido en torno al mundo del flamenco, sin contar con el material que de las actividades de la peña se desprende, como carteles anunciadores de eventos, prospectos y ediciones sobre las jornadas de estudio, concursos, etc., convirtiéndose así en memoria viva de la propia peña Juan Breva.
El museo tuvo que ser cerrado, junto con la propia sede de la peña en el Callejón del Picador, en los años 90, pues la casa que tantas buenas reuniones, charlas y juergas había cobijado amenazaba con derrumbarse.
Desde entonces, ha permanecido embalado y almacenado a la espera de poder ser mostrado en todo su esplendor y valor, con las excepciones que han supuesto tres exposiciones temporales (cuatro con ésta que nos ocupa) que han servido de recordatorio a Málaga y sus gentes de los tesoros que alberga. Estas exposiciones fueron Memorias del Flamenco. Fondos de la peña Juan Breva, que durante enero y febrero de 2002 mostró una selección exhaustiva de sus fondos; El Flamenco de Málaga. Su origen, su historia, durante la Feria de Agosto de 2002, haciendo un recorrido cronológico de la historia de los cantes malagueños; y El Flamenco de Málaga. Los artistas, expuesta durante la Feria de Agosto de 2003 y continuando la labor de la anterior, centrándose en los cantaores, tocaores y bailaores que ha dado nuestra tierra.
Las tres fueron un éxito, demostrando, una vez más, cuán grande es el interés que el flamenco suscita, así como el poder de convocatoria de la peña Juan Breva.
Tras estos eventos queda pendiente el reto mayor: constituir un museo del siglo XXI, donde la tecnología punta se ponga al servicio del arte flamenco y sea capaz de mostrarlo libre de polvo y paja, continuando la labor difusora justo donde la dejó, retomando aquel proyecto de Francisco Bejarano al que hoy se le ha puesto el nombre de centro de interpretación. Solo hay que mirar alrededor y observar que los gabinetes pedagógico de los más altos museos del mundo se rigen por unas normas que en poco o en nada se diferencian de aquella triple máxima de 1958, tal es el espíritu de modernidad y cientifismo al que obedece.
Sin duda, la inauguración de la nueva sede, en calle Ramón Franquelo, marcará el comienzo de una nueva etapa. La peña tiene por delante la tarea de recuperar todo el tiempo perdido en estos años en los que se ha visto privada de local propio, pues aunque ha procurado mantener sus costumbres, lógicamente no ha podido hacerlo plenamente. Ahora tiene la oportunidad de retomar actividades que en su día la pusieron en la más alta consideración dentro del mundo flamenco. Como Francisco Bejarano hubiera querido, hoy debe convertirse en punto de referencia mundial para todo aquel estudioso interesado en los cantes de Málaga, aspecto en el que hay que seguir sentando cátedra, y digo seguir porque siempre la peña lo ha hecho, pero ahora, debe saber aprovecharlos frutos que le dará su museo si se gestiona adecuadamente.
Igual que lo hizo en un principio, la peña Juan Breva debe tomar parte activa en el devenir del flamenco, contrastando sus teorías con las de otros expertos, entrando de nuevo con autoridad en los debates y polémicas. Valiéndose de los adelantos de nuestros días para una mayor eficacia, su triple lema, Seguir Aprendiendo, Velar por laPureza y Propagar Enseñando debe estar más vivo que nunca, fundiéndose con renovada energía para asegurar el futuro de este caudal de cultura que posee.
 
 
Lourdes Gálvez del Postigo Calderón
 


 

[1] A pesar de vivir España en una dictadura, José Luque redacta unos estatutos basados en el sistema democrático. Así la asamblea, formada por todos los socios, es soberana, y las decisiones se toman mediante sufragio, venciendo la simple mayoría.
[2] Francisco Bejarano Robles publicó artículos sobre flamenco en la Hoja del Lunes, seriados y bajo el titulo de El Cante Andaluz, desde el 28 de Mayo de 1951 hasta el 4 de Agosto de 1952, sin contar varios artículos sueltos que publicara en el mismo medio durante toda su vida.
[3] En la catalogación y definición de los Cantes de Málaga la importancia de la peña Juan Breva es fundamental. José Luque Navajas se especializa en estudiarlos, publicando la obra Málaga en el cante, Málaga, El Guadalhorce, 1965. Esta teoría se encuentra hoy completamente asentada.
[4] Estatutos de la peña Juan Breva, Málaga, Imprenta Dardo, 1965, p. 13
[5] Ibídem, p.11
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1 Fani Luz viernes 25 de julio de 2008 10:06:22
desiertonefta@hotmail.es
  Buenos días, somos de Valencia, llevamos tres años acudiendo puntualmente a la féria y queriamos dar las gracias a la peña. Pasamos todo el año viviendo del flamenco que podemos disfrutar en la peña. Gracias por vuestra amabilidad.
Saludos.
2 Mercedes Rosa jueves 20 de noviembre de 2008 23:10:04
merche_rosa@hotmail.com
  Buenas noches! estoy muy interesada en tener conocimiento tanto por el horario, como por las actuaciones que se realizan en la peña Juan Breva, la frecuencia con la que esta se hace asi como su contenido. Espero respuesta lo antes posible!!!
Muchas gracias. Saludos
3 Ana M. domingo 30 de octubre de 2011 10:39:21
anammm1969@hotmail.com
  La peña estaría muy bien si no fuera por el servicio tan vergonzoso de algun camarero que tienen alli, que ponen copas y la cobran muy rapido pero despues te insultan para que te vayas!!!! Vergonzoso el servicio por parte de un camarero!!! Yo no vuelvo mas!!!
 
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