Flamenco en Málaga
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DE CHARLA CON RAFAEL FLORES NIETO EL PIYAYO, por Miguel Ángel del Pozo Tomé

¿Qué quién soy?, yo soy “El Piyayo”, Rafael Flores Nieto y algunas veces Rafael Nieto a secas, y yo me sé el porqué. Soy malagueño, perchelero, gitano, flamenco, republicano y hombre de una sola palabra. ¿Quién da más?.

“...soy republicano y de los fetén, no de esos de ahora, más frescos que los boqueroncitos victorianos”.
Mi mare me parió en el Perchel, dicen, y lo creo, que en la calle Cañaveral o muy cerquíta. Mire osté: yo aunque estaba allí no m´acuerdo pero lo tengo mú escuchao, tampoco
er día ni el año y ni farta que me hace, así es mejó.

“...nací de un vaso de vino de amor, de una madre hija de una madre de quince años, al menos ezo creo.

Mis primeros recuerdos son las gazuzas, la busca de tó pa llená la tripa vacía, el compartir las hambres y la comía, la alegría gitana de las noches de verano en la calle Zurradores donde me malcrié. Las correrías
por mis percheles, calles Cañaveral, la Puente, Pulidero, Polvorista, Guimbarda... ¡yo qué sé!. Las escapadas con mi hermano José al otro lao del Gualmedina, a onde los ricos.

 

 

¿Trabajar?... de tó y de ná: esquilaor de borricos, cerrajero, vendedor de peines y otras baratijas, afanaor de cuanto pillaba, aunque mire osté: “yo, la verdá, nasí con pocos alientos pa eso del trabajo. Alguna vez andé en negocios. Ná, prepararle a algún compadre la venta de un borriquillo viejo. Cosa de tres o cuatro duros. Y me ganaba, cuando más, un corretaje de tres o cuatro gordas. Claro, así perdí yo la afisión al trabajo.¿Pá no comé? Con la guitarra, al menos, se bebe”.

El caudal de los gitanos:
unas tijeras cortantes
y un guitarrillo mu malo.

¿Y de amores?

¿Amores?, a tó: a Málaga, a mi Perchel, del que no salí más que pá estropearme la vía. A los ondulares, a mi guitarro, a las jembras y al vino, al vino que espanta las duquelas de los gitanillos. “mi vazuco de vino branco con zoda que emborracha menos”.

El Piyayo y la Piyaya
cuando salen al camino,
lo primero que preparan
es la botella de vino.

¿Mi guitarra?, ¡ay! mi guitarra. Tan vieja y tan desarmá como su dueño, mi mejor y fiel amiga, siempre pegá a mi lao, como una novia.

Qué gracia tenía el Piyayo,
a la guitarra del Piyayo
siempre le faltaban cuerdas.
¡Qué gracia tenía El Piyayo!

¿A los ondulares?, a los ondulares los respetaba y me respetaban. To los civiles de Málaga saben quien es El Piyayo. “Mire osté, un día iba yo camino de la plazuela de Santa María de visita a unos parientes que allí malviven y me para un civil y me dice: oye Rafaé, me han dicho que no sé qué te pasa con las gallinas que en cuanto ves una por la calle sales corriendo detrás de ella... y yo le digo: ”Parese mentira que, siendo osté señó de la Beremérita, le dé osté esa broma al gitano más honrao de la calle los Negros.” El se echó a reí y me dio pa un vasillo. Los civiles saben que yo soy respetuoso con ellos”.

El Piyayo y la Piyaya,
cuando van de romería,
endiquelan a los ondulares
y les dan los buenos días.

¿Las mujeres?... mujeres muchas, tóas, más de las que podía y de tó hubo, malas y buenas...La Chunga, que escapó o se la llevaron lejos después de tres días de amor, estrenando nuestro primer jergón regalo de los “primos” y amigos del barrio, dicen que a La Línea o a Estepona, y de la que nunca supe y que me dejó marcáo por la tristeza.

Naciste de mala ralea,
no lo puedes remediar;
la mujer y los caballos
por casta se han de buscar.

La mujer que a su marío
le coge aborrecimiento,
o está loca del sentío
o es que busca otro instrumento
que tenga mejor sonío.

La Hampona, que me acompañó media via, aguantando tó, hasta la miseria, y con la que compartí al que yo tenía por hijo, mi hijastro: torpesillo él, pero no malo, aunque aficionao a las pocas monedas que
con tanto trajín y esfuerzo ganaba. También María la Canastera, La Pena ¡qué se yo!.. pero mire osté: toas fuero güenas pá mí.

El Piyayo y la Piyaya
cuando estrenan un vestío,
no se lo quitan del cuerpo
hasta que no se ha rompío.

¿Y amigos?

Pocos y escogíos. Mi amigo Don Fernando Carreras que me socorría, el Chirle y mis herederos artísticos: Manolillo el Herraor, el Trinitario, el señor Antonio “El Mosco” y pare osté de contar.

Yo tengoel número uno,
Trinitario tiene el dos
y el número tres lo tiene
Manolillo el Herraor.

Se dice que viajó.

Sí, corrí mundo, pero menos del que refieren y casi tó pá mi mal; muerte, cárcel, guerra... ná güeno. Cuentan que estuve en Cuba, en África, en Sevilla... no sé, tal vez.

Cuando mis ojitos abrí,
entre la noche y la aurora,
una bandera española
fue lo primero que vi.
También vi cerca de mí
la linda flor de la yedra
cuyo nombre me recuerda,
si es verdad que no me engaña,
que era Cuba sin España
una sortija sin piedra.

¿Y la cárcel?

- Si también pizé la cárcel, por mucho y por ná. Por está donde no tenía que está, por alguna ratería, por defendé lo mío y... por salí de mi Málaga, de mi Perchel y mi Triniá a buscá la vía y cruzarse una mala
mujé en mi camino.

El preso cuenta los días,
el presidiario los años
y el que está metío en capilla,
horas, minutos y cuartos.

Allí entré por última vez cuando nos liamos a tiros unos con otros y de ella me echaron pá que muriera en la calle como un perro baldao. Esta vez yo, que era inocente, quería quedarme dentro, se comía mal o
bien pero caliente, y la celda... un palacio pá mí, acostumbrao a un oscuro y sucio cuartucho.

Adiós patio de la cárcel,
rincón de la barbería,
que al que no tiene dinero
lo afeitan con agua fría.

Por la mañana dan pan
al mediodía el cocío
y, según tengo entendío,
por la tarde no dan ná.
Se forma un algarabán
de pucheros y cazuelas,
y el cabo rancho que vuela
por ver si se encuentra un hueso
y aquel que no ha estado preso
no sabe lo que es canela.

Piyayo: ¿has muerto?

- ¡No!. Estoy aquí, con vosotros. Más alto, más espigao que un arenque, más renegrío que nunca. Vivo en mis cantes y en el corazón de aquellos que los recuerdan y aman, aunque mis huesos de pobre, allí en San Rafaé, en el fosal común del Batatá,estén regüertos con otros tan míseros como los míos y sin una humilde lápida que recuerde cuánto os di y cuánto os doy todavía.

“Calla su vieja guitarra. Sarmentosas, flácidas,cansadas de rasguear tristemente, las manos del viejo gitano han quedado inmóviles”.

Artículo de  Miguel Ángel del Pozo Tomé, publicado en la revista nº 3 de "Calle del Agua", Edición de Primavera Año 2004 

 

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1 Miguel Ángel del Pozo jueves 26 de agosto de 2010 12:27:58
mihail1933@hotmail.com
  Repasando textos referentes a Rafael Flores Nieto, en especial una más que posible relación Picasso-Piyayo, encuentro que la frase "...nací de un vaso de vino de amor...etc.", también es atribuída al universal pintor y cuadra con sus antecedentes familiares. (¿?).
2 Miguel Ángel del Pozo viernes 8 de noviembre de 2013 09:46:20
mihail1933@hotmail.com
  Rafael Inglada recoge y documenta -Picasso antes del azul 1881-1901- la autoría del pintor de la frase "...yo nací de un vaso de vino...etc.", por tanto, como autor del "juguetillo" es preciso rectifica y lo hago.
3 Miguel Ángel del Pozo jueves 9 de abril de 2015 10:52:06
mihail1933@hotmail.com
  En un intento de ordenar lo que no es ordenable pues tal es la documentación amontonada en estos años sobre mi amigo Rafael, releo ésta que fue mi primera salida pública en defensa del personaje. A la luz de los datos fehacientes que poseo actualmente, el Piyayo no murió tan abandonado como se dice y yo creía. Nuestro hombre tuvo su enterramiento de "pago" y la exumación de sus restos,trasladados al fosal común, cinco años más tarde.
 
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