Flamenco en Málaga
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Como flamenca que bien se precia,  para comenzar, lo que pretende ser no más que una interpretación propia y desde el alma,  lo hago por malagueñas. ¿Y qué canto, qué rezo, que sentencia en cinco versos podría decir con la voz en la mano? Escribir este cante, darle justas palabras, es quehacer de poeta. Toda una historia cabe dentro de la quintilla. ¡Oh, número de oro! Pentagrama del hombre y de mi suerte. Sus versos octosílabos, las profundas raíces que florecen cantando, y mi sangre corriendo con un nardo en la boca.

La malagueña nace de la melancolía de un pueblo cuerdo, traspasado por la luz del vidente. Rota y dolorosa, como una santa; delicada y profunda, como flor de naranjo; bañada por las aguas del río o de la lágrima, plena de potestad en su humildad certera; con los ayes más tiernos que una yema de almendro y portando un corazón que se quiebra entonando.

Málaga, que alberga más  música que luz, tiene un cante profundo que la singulariza. Nace por el lugar, bien cercada la noche, del pecho a la garganta, en el trino del hombre que reclina su cabeza ante Dios, o en la taberna. De la mujer que muere de amor ante la vida. Un pesimismo claro que demuestra lo sabio que es el pueblo que cantando le reza. Canto del desconsuelo, no exenta de alegría, es un grito que sube desde el Hacho* hasta el cielo.

Bien mecía, a media voz
la malagueña se canta;
un suspirito de Dios
que sale de la garganta
a compás de corazón.

No hay duda de que es en Málaga donde tiene la cuna. Matriz de un cante puro, madre de muchos cantes, que lleva un halo verde de almoradú y orégano; dorado, de manzanilla;  que huele a monte tibio y es noche verde, azul, roja y profunda. A lo lejos, salitre. Y a lo cerca, la angustiada alegría de estar vivo y saberlo. Desde el aire fundamental de los verdiales, van llegando los reposos, las soledades, la creación.

En Álora descansó
de andar y, entre jara y breña,
al recrearse, nació
el cante por malagueñas
por el que me muero yo.


Álora es semental,  semillero aventado que lanza su tesoro hacía los cuatro puntos que enmarcan infinito. Aquí nació la noble parida malagueña. Un cante que no tiene parangón en el cielo.

Malagueña, cante grande,
de dulzura sin igual,
nadie te puede igualar
porque Álora fue tu madre,
la que te dio el paladar

Malagueñas, las mejores,
las que en Álora nacieron,
de su fuente tos bebieron,
escuela de creadores
que al cante fama le dieron.  (Francisco Padilla, Comares)

Juan Trujillo "El Perote"Aquí nacen las voces con los ayes perfectos: los trinos de “El Canario”, Juan Manuel Reyes Osuna; la voz, curtida en la besana, de Juan Trujillo “Trujillejo” o “El Perote”, que es así como llaman a los nacidos en Álora; la voz enamorada de Diego Beigveder Morilla “El Pijín” o Diego “El Perote”, que de ambas formas le nombraban; la bravía tristeza  de Joaquín Tabaco, del que queda su sangre poeta en Pepe Vera el nonagenario; la malagueña de “El Pena”, Sebastián Muñoz Beigveder”; las dulzuras de José Martín Muñoz “Pena Hijo”, de  Juan Acedo “Cachorro”;  del arador Manuel “El Abulaguero”; de Miguelillo “El de la Manca”, de Tomás Morilla, Pepe “El Mijita, Paco “El Manco”…


Y en el pueblo de Coín también nacieron malagueñas en voz de “Loriguillo”, de Antonio Galiano, Juan Gallardo, guitarrista además; de Juan Frías, de Fuensanta Jiménez “La Jimena de Coín”…

Paca AguileraY esa malagueñera que por los Tajos nace: la gran Paca Aguilera. Una mujer que lleva la gracia del celindo y al mundo la regala en discos de pizarra. Ronda la lleva a gala, como Málaga entera.

Y canta el cosario Cipriano Pitana su malagueña  limonera por Cártama, su triste juramento, su voz martirizada.

Y más abajo, ya en medio de la Hoya, María “La Chilanga”, María “La Chirrina”, Joaquina Payán,  Encarnación Santistevan “La Rubia de Málaga”, “La Brígida”, “La Juanaca”, Emilia de Benito…Dios mío, cuánto arte  con nombre de mujer.

Trinidad Navarro "La Trini"Y, entre todas ellas, “La Trini”. Nadie me dice qué pasó con Trinidad Navarro “La Trini”, que sufrió mal de amores y dejó dicha su pena para el resto de los siglos; que pedía, siquiera por compasión, que le escriba alguna vez, a su amor; esa mujer a la que el mundo le causaba espanto, que iba con la fe perdida, que tenía el corazón mu cansao de padecer…

Dos grandes amigos y maestros, grandes conocedores de los cantes de Málaga, Francisco Padilla y José Luque Navajas, me han dado testimonio de todo lo que cuento, pero dicen que no hay datos de esa mujer que tiene la tristeza para ella sola, que hace la malagueña más delicada y trágica que pueda hacer criatura. Dicen que los amores fueron causa de su vida y de su muerte. Pero nadie sabe donde descansaron sus huesos. Pero su copla no descansa, va y viene por el aire espinado, hiriéndonos los ojos con lágrimas antiguas.

*Hacho. Monte de Álora

Primera parte del artículo publicado en la revista Acordes de Flamenco

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1 Alejandro Vilas lunes 19 de enero de 2009 06:07:20
alejandrovilas@hotmail.com
  Les escribo desde Argentina para hacerles la siguiente consulta.

Estoy buscando información acerca de mi bisabuela Emilia de Benito, y encontré su página revisando en google. ¿Hay un flamenco con el nombre de ella? ¿Es a ella a quién se refiere o es mera coincidencia de nombres?

Mi bisabuela era española como su marido (Leodegario Córdova) y vinieron a la Argentina en el 18...

Si pueden darme algo de información, se los agradeceré.

Saludos
 
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